La enfermedad golpeó mi puerta y al verla noté que la crisis la acompañaba; los problemas, luego de la visita inesperada, crecieron, y en mi crecía un sentimiento de desdicha, el fracaso me perseguía y la duda era mi cobija, pero tuve que estar a punto de morir para entender que no tengo una vida feliz porque no elijo decidir.
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