En Kennedy, una localidad de Bogotá, alejada de lo pretensioso, y conforme con su alrededor, nació Laura Martínez, una mujer de 21 años que no sabía lo que le depararía el mundo hasta que descubrió su gran don de hablar con ángeles y demonios; aquel don la trajo hasta el manicomio.
Según Henry, los problemas de Laura iniciaron cuando ella era una niña, pues todo el tiempo la veía hablando o riendo sola, él creía que era algo pasajero pero ella continuó así hasta su edad actual.
“Mi hermana habla sola a cada rato, cuando era niña y mi ma’ se iba a trabajar ella se quedaba horas en su cuarto hablando y jugando con sus amigas imaginarias, yo me la pasaba jugando en el computador, y de vez en cuando iba y miraba que estaba haciendo, así era cuando tenía como ocho años, sus amigas imaginarias eran Ana María, Carmen y Lilia, a veces ella me decía que no entrara porque a sus amigas les molestaba, para mí eso era muy normal, muy de niños… yo vivía era pensando en mis estudios y en los videojuegos que tanto amo, así que llego un tiempo en el que no iba, pues llegó un punto en el que ya ni me dejaba hablarle, cuando le contaba a mi mamá que Laura no me dejaba entrar o hablarle no me creía, decía que ella era solo una niña.
Luego ambos crecimos, yo entré a la universidad y ella al colegio, allí le tenían miedo porque no dejaba de hablar sola y decir que habían personas al lado de alguien, por ejemplo a una niña, una vez le dijo que no se sentara al lado de ella porque ese era el puesto de Felipe, su nuevo amigo imaginario; otra vez se quedó viendo una imagen de < Jesusito lindo> y se puso como loca a llorar y decir que él estaba molesto porque ella había hecho algo indebido, ¡armó todo un espectáculo!; lógicamente mi hermana vivía muy sola en el colegio y aquí en la casa, pero de apariencia era una niña normal, se ponía su uniforme, llegaba, lo lavaba, lo colgaba, se colocaba sus vestidos que tanto le gustan, y se disponía a hacer trabajos, a veces hacia oficio con la ayuda de sus amigas imaginarias, pero es que también vivía sola porque no dejaba que nadie se le acercara, supuestamente porque ella solo quería estar con sus amigos. Aquí la queremos mucho.
Después entró también a la universidad, a estudiar lo mismo que yo, estudió Publicidad en la Universidad Central, voy en séptimo semestre; mi hermana siguió de rara y pues mi ma’ tuvo que sacarla, ella no alcanzó a terminar su tercer semestre.
Mi mami nunca quiso hacer nada antes porque decía que Laura no era rara, y que eso se le iba a pasar cuando entrara a la universidad, es decir cuando madurara, para ella mi hermana todavía es una niña y es normal que tenga amigos imaginarios, pero pues ahora cambió de opinión y le tocó llevarla al manicomio”
Laura, hizo su bachillerato en el colegio Hernando Durán Dussán, la Rectora Pilar de Santamaría mostró su historial académico y por supuesto Laura siempre mantuvo excelentes calificaciones, la trató la psicóloga Ana Sofía Prieto, docente y sicóloga del colegio; asegura que no encontró problemas en Laura, pues ella siempre negó tener amigos imaginarios y actuó muy normal durante las sesiones y sus clases de ética moral, así que no tenía pruebas para tratarla como una “loca”. Sin embargo, el docente de ciencias sociales Edwin Arias, da testimonio de las locuras que cometía Laura en sus clases, pues ella no paraba de hablar sola, salirse de clases sin avisar, y correr desesperada dentro del salón de clases “Me acuerdo muy bien de la <loquita>, como muchos la llamábamos de cariño, ella se comportaba muy inestable, como catatónica por algo, su actitud anonadaba a muchos de nosotros, exaltaba al resto de mis alumnos, pero nunca se tomaron cartas en el asunto porque cada que la analizaba un psicólogo fingía ser normal, incluso hace algún moribundo año vino un sicólogo ajeno a la institución y su comportamiento fue el mismo, el de una niña normal”.
Ana, madre de Laura confirma que su “niña” no estaba enferma, pero que la enfermaron tantos psicólogos al hacerla sentir loca y generar en su alma más odio del que ya existía, “yo nunca le conocí a mi niña un amigo, pero para mí eso está bien, pues pensaba… ¡mejor que no traiga nadie a la casa y que nadie me la corrompa!, mi criaturita estaba bien, se comportaba como una niña normal, Henry es el que decía que no, yo le he dado sus “muendas” por tonto y calumniar a mí niña; para mí ella es un ángel, su comportamiento en el colegio no me sorprende, ¡luego que de malo hay en tener amigos imaginarios, yo también los tuve!, pienso que los que me la volvieron así fueron esos estúpidos psicólogos que tanto la molestaban, haciéndola sentir diferente, loca, mala, le generaron tanta presión para que cambiara que lo único que lograron fue empeorarla y por eso me tocó internarla en el manicomio, pues mi niña decía que la atacaban los demonios, que no la querían como amiga, que eran muy malos, y que todo era culpa de los psicólogos que la atormentaban, mi niña decía que de no ser por ellos ella sería diferente”.
Durante una pausa a su entrevista me contó el momento exacto en el que ella considera, las cosas empeoraron, pues de ahí en adelante los amigos imaginarios de Laura dejaron de ser amigables y se convirtieron en demonios.
Henry y Ana, hermano y madre de Laura, se encontraban en el estudio junto a la cocina de su apartamento, debatiendo acerca de si vender o no la televisión adquirida cerca a los años 60, cuando escucharon a Laura gritar desesperadamente que tenía mucho miedo, (ella afirma que en su habitación había un demonio lleno de gusanos que contorneaban sus labios y tenía los ojos rojos como un Ferrari, además dice que le hablaba, y que mientras peinaba su mono, liso y abundante cabello intentó poseerla, ella cuenta que estaba hablando con el demonio muy tranquilamente, mientras se veía al espejo pequeño y viejo, colgado en la pared de su cuarto, cuando de pronto, este se arrancó la piel y dejó ver su malvada energía, aquella que sin preguntarle intentó tocarla, Laura corrió desesperada por su habitación entrando y saliendo del infierno, en su mente solo existía el miedo, pues cada que entraba al inframundo más seres la atormentaban, ella lo describe como:
“cuando entraba al infierno esos demonios me agarraban, me quitaban la carne y el dolor era insoportable, yo sólo pensaba en a qué hora terminaría todo, muchos demonios me lamían y manoseaban, sus miradas era carnales, querían devorarme, la sensación que transmitían era de maldad, de odio hacia el mundo, de suicidio, y fue tanto así que me contagiaron, empecé a sentir deseos de matar, quería liberarme… eso es verdadera desesperación; luego cuando me sentí tan mala como ellos supe que me querían poseer, y fue cuando mi amigo el ángel San Gabriel, me ayudó”.
Luego de esto, Laura salió muy asustada de su cuarto y fue tras Ana, ella igual de asustada, intentó consolarla pero de la nada Laura la empujó tomándola de los brazos y se alejó “La niña estaba muy angustiada, mi pobre criatura lloraba como loca y yo lo único que hice fue consolarla, no creo mucho en estas cosas pero si mi bebé dice que así fue yo le creo, y bueno, la niña me cogió de los brazos y me empujó hacia atrás, luego se fue por el pasillo que divide la cocina del estudio y se encerró en el patio, cuando oí gritar a mi niñita yo lo que hice fue coger agua bendita y echarle a esa puerta, ¡Dios mío de parte de Dios o del diablo, lárguese! Repetía una y otra vez”.
Laura permaneció encerrada en su patio por casi dos horas, mientras su mamá de rodillas lloraba y oraba para que el supuesto demonio la dejara en paz, Henry por el contrario entró a su habitación ubicada al respaldo de la sala de estar y pegada a la puerta de la entrada, y simplemente se dispuso a jugar su juego favorito world of warcraft, “Yo no le hago caso a mi hermana, desde pequeña ha tenido sus arrebatos raros, yo creo que lo hace por llamar la atención de mi mamá que da la vida por ella, a cada rato sale con algo peor y mi ma’ lo único que hace es llorar y llorar como dice la canción”. Laura no recuerda mucho pero si aseguró que después de salir del portal del infierno se sintió mejor.
“No, la verdad no recuerdo muy bien lo que ocurrió, pues mira desde que nací tengo un don, yo puedo entrar y salir de las puertas del infierno o el cielo, entro en una especie de shock, como cuando uno se duerme, y luego, de la nada, ya estoy ahí; nunca me habían atacado hasta ese día… resulta que cuando niña yo entraba mucho al cielo y hablaba con los angelitos, nos hicimos buenos amigos, solo que en el mundo de los vivos no pueden saber que ellos existen, por eso me tocaba decir mentiras ante los que me preguntaban, nunca me había atrevido a entrar al infierno, la primera vez que lo hice fue cuando me intentó poseer un demonio, pero controlo todo esto, así que ya hablo con buenos y malos por igual, los malos también son buenos amigos, solo que me toca hacer lo que ellos quieren, yo quería ser publicista desde que nací pero ahora me dedico a escuchar, aconsejar y obedecer seres del otro mundo, y todo gracias a mi don, este me cambio el destino” me tengo que ir a dar mi paseo, por cierto, a mi amigo que está a tu lado le agradas, dice que eres muy bonita, fueron las palabras con las que terminó la entrevista Laura Martínez, Ella sostuvo que los ángeles le dieron permiso de concederme esta información.
Laura presenta una enfermedad mental generada porque de niña era perseguida por fantasmas, el acontecimiento generó en ella la idea de tener un supuesto don; según datos y estudios realizados por el Manicomio Distrital de Sibaté Cundinamarca, donde actualmente ella se encuentra internada; Laura presenta síndrome de obsesión de perseguimiento, es decir, en vez de sentir que los fantasmas las persiguen ella cree que los persigue a ellos, aclaran, por supuesto, que lo fantasmas sólo la perseguían de niña y que ahora ella solo los imagina.
El sacerdote de la parroquia Cristo Doliente del barrio Class, quien practica exorcismos desde hace ya varios años afirma que estuvo en el apartamento de Laura, “yo estuve en este apartamento, no recuerdo mucho hace cuando tiempo, lamentablemente en este sitio murió una familia hace varios años; recuerdo que el padre tenía 45 años, la niña tenía ocho y se llamaba Ana María, la hermana Carmen, de 14 años y la mayor tenía 17 años, creo que se llamaba Lilia; la mamá de ellas luchó mucho por sacarlas adelante pero se murió por una enfermedad en los pulmones, esa señora amaba darle besos a los pájaros, eso fue lo que la mató; no sé si Laura está poseída o no, total la mamá no me deja tratarla”. Margarita, madre de las tres niñas murió por tener contacto cercano con palomas por periodos largos, pues estos guardan en su plumaje una especie de “piojo” que entra a los bronquiolos pulmonares y les impide funcionar correctamente, dicho daño solo se presenta cuando el contacto con aves es prolongado.
Laura fue internada un 25 de diciembre del 2010, tras haber intentado matar a su hermano, aún no presenta mejoras, ella insiste en su don; Ana insiste en que ella no estaba loca, y que era muy normal tener amigos imaginarios pero que los que la dañaron fueron los psicólogos, y Henry sigue su vida como si nada, esperando que su hermana mejore pronto.
La familia de Laura Martínez se cohibió de narrar y hablar ciertos acontecimientos, sin embargo Laura confesó que siente ser diferente de su familia pues aunque su madre finja quererla siempre la ha tratado de bruta, buena para nada, e inservible, no obstante asegura que Henry siempre ha sido el preferido por ser normal. Laura además mencionó que no había nada que la hiciera más feliz que sentirse diferente de toda “la basura humana” pues dice: “las personas son malas y merecen morir, nunca he recibido nada bueno por parte de ustedes, en cambio los demonios y los ángeles son perfectos, sólo me tratan bien, me complacen en todo, para ellos soy perfecta, soy su heroína, me aman por ser diferente, y puedo encontrarlos con la personalidad que yo quiera, lo único malo es que me piden ayuda con aquello del purgatorio, yo soy la muerte, la que cobra vidas, por el momento sólo cobro vidas de los internos, pero pronto saldré y cobraré la vida de los que ya no la merecen, pues esta es mi tarea”
El último diagnóstico del hospital, cuya información es confidencial, declara que Laura solo está recreando lo que siente, le hace falta, y los deseos que ha generado a partir del odio por no ser aceptada dentro de la sociedad; afirman que la cura es hacerla sentir amada por todos, pero que su enfermedad no tiene cura, pues el día que la hagan sentir mal, volverá a renacer su odio.