jueves, 27 de octubre de 2016
EN PROCESO...
Era un sábado lluvioso, lluvia que me obligó a entrar justo donde Remény se encontraba, estaba sentado dibujando a un señor que se parecía a mi tío, inocentemente observé el dibujo y sonreí por el gran parecido que encontraba, sentí como si el destino quisiera mostrarme una señal; de repente él levantó su cara y observó mi rostro de frente; mi mirada estaba perdida pues justo en ese momento estaba pensando en mi tío y soñando nuevamente con mi unicornio, ambas cosas al tiempo; dentro de mi mundo iba rumbo a las cuevas misteriosas de albaricoque que había imaginado antes de bajar del bus y la lluvia real, en albaricoquelandia era de caramelos, así que fingía comerlos cuando en realidad jugaba con el agua que escapaba de las nubes; al ver la mirada de Remény mi corazón dio un brinco, la única forma de calmar mis latidos fue ignorar la mirada firme y congelante que él me hacía; ¿acaso notó me sonreí por su dibujo y lo había tomado como un insulto, o notaría mi juego con la lluvia y pensaba que estaba demente? Tenía que mantener mi corazón tranquilo así que di un paso adelante, saludé al vigilante, y me dispuse a observar mi entorno; vi sillas, mesas y armarios gigantes de color café oscuro que me hicieron sentir en la época de mis abuelos; también noté que el techo estaba llorando la decoración con ilustraciones de personas tristes y solitarias, y un muro se lamentaba por ser el único agrietado y sin color, toda la habitación parecía tan antigua y olvidada que producía nostalgia, me habría sentido muy mal de no ser por la paz que reflejaba Remény, una paz que tranquilizaba al más intranquilo y alegraba al peor de los tristes, pero al tiempo me hacía poner muy nerviosa; él seguía observando mi cara, cuando de repente se levantó con impulso de su silla, respiró profundo, movió sus dedos suavemente y de sopetón dijo “¡Hola!” Allí, justo ahí, mi garganta explotó como cuando cantaba esta mañana en mi mundo imaginario, sólo que esta vez, no estaba cantando, de hecho, no estaba soñando, todo fue silencio, solo sonaba el viento que golpeaba mi tímida duda, esa que me hacía preguntarme ¿Por qué un hombre me estaba hablando? Él estiró su brazo para darme la mano y como por arte de magia, y por primera vez en mi vida, mi mente dejó de pensar en dulces y en Sandy mi unicornio.
- “¡Hola!, ¿Cómo estás?, me llamo Remény, siéntate, ¿Cómo te llamas?” – sonrió.
En ese momento pensé, qué sonrisa tan linda, ¡wow!
- ¡hola, soy Isabel! – contesté muy tímida, sintiendo como mi rostro se sonrojaba de a pocos.
- ¿Vienes muy seguido por acá?, preguntó.
Se detuvo el tiempo, me recosté sobre la silla, respiré profundo, miré a la izquierda y sólo callé, mi cara debía estar hablando por mí, sentí como cada facción de mi rostro se transformaba de a pocos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario