Soy una prenda de vestir, alguien desea ajustarse a mi, ¿y yo?, pensaba seguir aquí, hasta ese día, ese fantástico día.
Era una mañana igual que todas con el sol tomando jugo de zanahoria, las nubes crespas con exceso de bloqueador y la pereza haciendo hijos para mandarlos a trabajar; en cuanto a mi, en el mismo lugar oscuro, mirando por la herida de la puerta que hizo Juana, la termita; curiosamente hoy la tristeza me acompañaba, nunca había estado tan triste como en este día, las razones que promueven el funcionamiento de mi pequeño cerebro me dejaron una nota muy clara y concisa que decía “algún día entenderás lo que el tiempo nos descarta y la ambición consigue” la frase hizo parte de mi todo el día a pesar que nunca la oí de otra parte y para colmo de males, en la noche me había cortado con algún objeto vengativo, pero que seguramente hacia lo mismo que yo, solo, esperando que alguien abra la puerta y lo exhiba puesto en su cuerpo extraño; toda la mañana pasé pensando en lo que las razones me obsequiaron pensar, pero no entendía.
En la tarde el un animal que se autoproclama ser pensante, y quien destruye el planeta Tierra en conjunto con los millones como él, abrió la puerta, creí que hoy sería el gran día en el que me bajaría del gancho y usaría, pero no fue así, los motivos para abrirla eran ajenos a mi, ¿cómo debería sentirme?, sabia que mi propósito era llegar a las manos del que me necesitara pero ahora estaba inundado en confusión, pasaron muchos momentos como este en el que me daba igual si el animal me usaba o no, la costumbre de vivir aquí abandonado era más latente, pero hoy también eso me hacía sentir triste; quién se iba a imaginar que una tormenta de sentimientos negativos iba a alcanzar este rincón oscuro y que estar amarrado al alambre de metal que algunos llaman gancho me pondría peor de triste.
Noté que continuaba llorando sangre la cortada que el objeto extraño me hizo, él animal cerró la puerta y junto a ese movimiento hubo otro que empujó algo a mis pies encerradolo, solo que sin un gancho que lo mantuviera colgado, solo yacía en el suelo; este era tan diferente a mi, sentía que estaba húmedo, su aroma no me era familiar, contrario a mi, parecía venir de una fabrica con muchos más recursos, aunque en un estado de animo mas trágico que el mio, su cuello era grande y con adornos brillantes, salían telas de el como si fuese amante de la moda y su vida perfectamente cocida, todo en el era delicado, lo analicé con la poca luz que entraba por el agujero, entonces noté que no era como yo, no existía un rostro, un género, o relleno en sus brazos, no se movía, era como si no existiera o pensara, y por consiguiente no me dirigía la palabra, simplemente estaba quieto, acomodado por el empujón que le dio aquel animal, pero lo que observaba no era muy lógico, a menos que esta prenda de vestir no tuviera vida. No me atrevía a preguntarle quién era, o de donde venía, siempre he estado solo aprendiendo a pensar, nunca me había puesto a entablar conversación.
Ya era noche, angustiado por la fila de sangre disfrazada de hormigas que corrían por mi cuerpo decidí buscar la forma de cocerme, entonces tomé la decisión, tal vez las razones habitantes de mi cerebro intentaban decirme en la nota que el tiempo me había vuelto un descarado por no atreverme a recibir en mi vida la palabra correr el riesgo, por no generar un cambio y por el contrario seguir empleando a uno de los hijos de la pereza, al fin comprendía, era necesario grabarme en la mente que debía luchar si quería construir unos años más de vida, debía cocerme o moriría, y este era el momento, había llegado la hora; entonces le dije a mi compañía que ya volvía pues no iría muy lejos, el plan que idee era abrir la puerta e ir al cajón de al lado que albergaba algunos hilos y agujas, pero mi compañero no respondió, en ese preciso momento el miedo acompañaban la tristeza que nadaba en mi, me asustaba la idea de estar compartiendo armario con un cadáver y pese a este nuevo sentimiento, decidí ejecutar el plan, luego saldría de la duda que generó este nuevo miembro.
Abrí la puerta como el ingenio me había enseñado, empujé con toda mi fuerza apoyando la parte inferior de mi cuerpo en la tabla trasera del armario y entonces la puerta abrió, era la primera vez que veía completamente sin los limitantes del agujero, había visto solo lo que se me permitía ver, pero ahora era inevitable no verlo todo, cómo es que el mundo es más grande ahora, cómo es que hay tantas vidas empacadas en bolsas de cartón sobre la cama del animal y con esto me preguntaba por qué la cama del animal era tan grande y usaba colores tan oscuros, la alfombra era roja, acolchada y aseada, las paredes estaban decoradas con carteles de instinto suicida que colgaban de una esquina y se enrollaban de la otra, los muebles parecían hacer ejercicio para mantener sus curvas, y en si todo parecía lamentarse de vivir igual que yo ahora, ciertamente ahora me encontraba al borde de morir por confusión pero entonces la curiosidad me sedujo a mirar lo que me acompañaba en el armario y sin dudar lo hice, quien estaba ahí no tenia alma, me encontraba en shock, no sabía por qué hoy me sentía tan triste, ni porque el animal me permitía tener como acompañante alguien sin vida, solo sabia que algo ocurría y debía averiguar que.
Decidí coserme tan rápido como mi cuerpo me permitía, me dirigí caminando hasta la puerta de madera con mal humor que encerraba la habitación y la abrí, algo extraño ocurrió, una fuerte sensación de dolor invadió mi cerebro y luego miles de recuerdos corrían frente a mis ojos, totalmente intangibles pero con la misma realidad y coherencia que tenían cuando fueron albergados, sentía que se trataba de mi, pero no tenia sentido, pues los recuerdos eran de un animal, y yo era un suéter, la razón por la que pagaban alquiler en mi mente la desconocía. Desconcertado y con dolor profundo me arrastre buscando la puerta que conducía a la salida, esta era mucho más grande que la anterior y de metal oxidado, pese al miedo, la intriga, dolor y confusión la abrí, me estrelle de frente con lo que conocía perfectamente, una ciudad con muchos animales gigantes como el que ya distinguía y ahora estaba presente en recuerdos que jamas vivi, aunque estos con más afán, con más ira, con sus manos igual de ocupadas por objetos que los controlan, con la diferencia que en esta ocasión la ciudad estaba infestada en llamas, lo que conocía como vida natural no existía, el cielo era negro y aparentemente el sol había acabado su jugo y las nubes su bloqueador, todo se veía tan mal, y de pronto, más recuerdos, el mismo dolor, recuerdos de ese mismo lugar con carretas, personas felices, montones de color verde que respiraba y un cielo azul y hermoso, pero no comprendía porque era familiar esto si nunca había salido antes del armario, un fuerte viento me empujo y se convirtió en mi medio de transporte... Continuará.
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